Ciencia y esperanza.
Extracto de libro el mundo y sus demonios: la
ciencia como una luz en la oscuridad.
Autor: Dr. En física Carl Sagan.
Yo fui un niño en una época de esperanza. Quise ser científico desde mis primeros días
de escuela. El momento en que se
cristalizó mi deseo llegó cuando capte por primera vez que las estrellas eran
soles poderosos, cuando constaté lo increíblemente lejos que debían estar para
aparecer como simples puntos de luz en el cielo. No estoy seguro de que entonces supiera el
significado de la palabra “ciencia”, pero de alguna manera quería sumergirme en
toda su grandeza. Me llamaba la atención
el esplendor del universo, me fascinaba la perspectiva de comprender como
funcionaban realmente las cosas, de ayudar a descubrir misterios profundos, de
explorar nuevos mundos… quizá incluso literalmente. Para mí el romanticismo de la ciencia sigue
siendo tan atractivo y nuevo como lo fuera aquel día hace más de medio siglo
cuando me enseñaron las maravillas de la feria mundial de 1939. Popularizar la ciencia –intentar hacer
accesibles sus métodos y descubrimientos a los no científicos- es algo que
viene a continuación, de manera natural e inmediata. No explicar la ciencia me parece
perverso. Cuando uno se enamora, quiere
contarlo al mundo. Sin embargo hay otra
razón: la ciencia es más que un cuerpo de conocimiento, es una manera de
pensar, que muy pocos comparten por cierto, pues la mayoría nos vamos
deslizando sin darnos cuenta en la superstición y la oscuridad.
Hemos preparado una civilización
global en la que los elementos as cruciales –el transporte, las comunicaciones,
y todas las demás industrias; la agricultura, la medicina, la educación y el
ocio, la protección del medio ambiente e incluso la institución democrática
clave de la elecciones- dependen profundamente de la ciencia y la
tecnología. También hemos dispuesto las
cosas de modo que nadie entienda la ciencia y la tecnología. Eso es una
garantía de desastre. Podríamos seguir
así una temporada, pero antes o después, esta mezcla combustible de ignorancia
y poder nos explotará en la cara. La
ciencia es un intento, en gran medida logrado, de entender el mundo, de
conseguir control de las cosas, de alcanzar el dominio de nosotros mismos, de
dirigirnos hacia un campo seguro. La
microbiología y la meteorología explican ahora lo que hace solo unos siglos se
consideraba causa suficiente para quemar a una mujer en la hoguera. Tomas Ady en su libro Una vela en la oscuridad, advertía el peligro de que las “naciones
perezcan por falta de conocimiento”. La
causa de la miseria humana evitable no suele ser tanto la estupidez como la
ignorancia, particularmente la ignorancia de nosotros mismos. Es mucho lo que la ciencia no entiende y aun
quedan muchos misterios por resolver, puesto que la ciencia está lejos de ser
un instrumento de conocimiento perfecto.
La manera de pensar científica es imaginativa y disciplinada al mismo
tiempo, de ahí su éxito, nos invita a aceptar los hechos aunque no se adapten a
nuestras ideas preconcebidas. Nos
aconseja a tener hipótesis alternativas en la cabeza y ver cual se adapta mejor
a los hechos. Nos insta a un delicado
equilibrio entre una apertura sin barreras a las nuevas ideas y la sabiduría
tradicional. Por último el conocimiento
científico es la mejor forma de atacar la ignorancia de la cual se vale la
clase política para mantener oprimidos a sus pueblos. Es deber de las generaciones futuras luchar
contra esta ignorancia. La pregunta es:
¿cuántos de nosotros queremos vivir en
la ignorancia?